Los jóvenes quieren ser ellos mismos, fuera de toda influencia externa escoger quien quieren ser, tener su propia escala de valores. Esto es posible porque tienen un marcado potencial de sabiduría que llevara a la sociedad a un mayor estado elevado de conciencia, hacia un mayor entendimiento íntersocial más favorable, lejos y fuera de perjuicios raciales, económicos, políticos, etc.
Queremos conseguir que a sus mayores, maestros y padres se les tengan respeto por la difícil y ardua tarea que han tenido que soportar para aguantar sin más opción un mundo que, antes de que se produzca un gran cambio, sea inevitable entrar en un caos producto de una inteligente evolución personal encaminada a una humanización, no sin tener que admitir que toda evolución o aprendizaje trae una serie conflictos por causa de tener diferentes opiniones, todas ellas muy validas, y a las que te has de acoger y no soltar para poder formar una polémica, donde se puedan exponer todas las opiniones encima de la mesa, pero una vez puestas estas opiniones de las que el mundo puede y creo debe estar agradecido, hay que volver a analizar la situación desde un ángulo mucho más rico en información y más complejo a la hora de estabilizar lo más conveniente para unos y otros. Evidentemente si no hay información no se puede, desde el análisis, llegar a una conclusión.
Los jóvenes deben no cuestionar y no juzgar a sus mayores, estos se merecen todo el respeto del mundo por, como he dicho, soportar todo el peso de la involución para poder proyectarnos hacia la evolución, es desde estabilizar el caos que se puede producir la armonía.
Y es tanto el trabajo que han hecho y aprendido los mayores a nivel de criterios ancestrales y tanto el caos formado, que los jóvenes con la potencia que tienen a nivel de sabiduría pueden estabilizar ese caos y convertirlo en armonía.
Viene sucediendo desde antaño, en todas las generaciones, que los niños en su infancia recogen toda la sabiduría de sus padres, abuelos, tutores etc. y que en la edad de adultos se quedan registrados y pasan a estos con ventaja vertiginosa.
Final de una época, principio de otra, en estos momentos el cambio necesita más que de una evolución, una transgresión, por lo que vengo estudiando el potencial de la juventud para poder llevar acabo este fin desde una escala de valores inmejorable hasta hoy.
Y en esta necesidad de ser ellos mismos y respetar a sus mayores.
Aquí es donde pretendemos ayudarlos, a cambiar todo tipo de criterio inculcado por sus padres que simplemente no asuman como suyos, siempre soltándolos desde el respeto,
dado que de no tener opción y libre albedrío no podrían llegar a la conclusión que ellos deseen y quedarse con lo que entiendan que es lo mejor y con lo que más se identifican desde la opción.
Los mayores deben aceptar que por mucha sabiduría aprendida que tengan, y no cabe duda que la tienen (sabe más el diablo por viejo que por diablo y cuando una persona se hace maestra es lamentablemente cuando se jubila), que los jóvenes quieren ser ellos mismos.