El Salon de los Espejos

1. Profecía Maya- El salón de los espejos
2. Toma de conciencia
3. Cambio = Evolución desde el ser primitivo al ser completo. Esto se hace trabajando el cuerpo emocional.
4. Descripción del cerebro
5. Polaridad

Los estudios y profecías mayas y sus calendarios, que estaban escritos hasta el 21 de diciembre del 2012, nos hablaban del fin del mundo.
Realmente lo que venían a significar estos escritos es que entraríamos en un tiempo en el que viviríamos en una oscuridad global, un tiempo de transición en el cual hemos de evolucionar y encontrarnos con una realidad, la de conocernos a nosotros mismos y, con una apertura de conciencia en la cual, inevitablemente, ha de crear un caos hacia nosotros mismos y hacia los demás.

Esto produce inseguridad y desconfianza por no saber quienes somos ni hacia donde vamos. Este estado es normal en un desarrollo evolutivo que parte de nuestro Ser más primitivo, el cual se encuentra con una conciencia, una visión de nosotros mismos, que hace que nos planteemos cosas, hasta ahora teníamos una forma de comportamiento totalmente instintiva. Las cosas eran como eran, nos educaban sin más, pero el estado actual de conciencia nos pide más, nos pide que nos miremos a nosotros mismos (al espejo) que nos planteemos nuestro comportamiento hacia los otros. Hasta ahora siempre hemos pensando que nuestro comportamiento es producto de los actos que recibimos, y no que puede ser que nosotros causemos los actos. ¿Somos culpables? ¡No! No lo somos, solo hemos de evolucionar.

Se nos pide que miremos en nuestro interior, que observemos lo que sentimos, lo que decimos, y si de verdad es lo que sentimos y lo que queremos decir o es producto de lo que nos han ido inculcando de pequeños, tanto nuestros padres como la sociedad en general, sin que podamos mostrar nuestras inseguridades.

Inteligencia emocional

Cuando hablamos de la evolución del Ser más primitivo al Ser completo, nos estamos refiriendo a un cambio y una evolución de las estructuras de pensamiento. En esencia, es un cambio de conciencia, es el ser conscientes de todo y en todo momento. A nivel fisiológico, esta evolución se llevara a cabo en las estructuras de las cuales emana nuestro pensamiento, el encéfalo.

A grandes rasgos podemos definir el encéfalo como la masa nerviosa contenida dentro del cráneo. Esta consta de 3 partes principales:

Cerebro: Encargado de controlar y regular los demás centros nerviosos. También en el se reciben las sensaciones y se elaboran las respuestas conscientes a dichas situaciones. Es el órgano de las facultades intelectuales como la atención, la memoria, la inteligencia, etc.

• El cerebelo, que es el centro coordinador de los movimientos.

• El bulbo raquídeo, que se encarga de regular el funcionamiento del corazón y de los músculos respiratorios, además de movimientos como la masticación, la tos, el estornudo, el vómito, etc.

Los 3 cerebros: reptiliano, límbico y neocortex.
Para el tema que nos ocupa, nosotros nos centraremos en el cerebro. El cerebro humano consta de tres formaciones o cerebros independientes. Cada uno de estos cerebros posee su propia inteligencia, su propia subjetividad individual, su propio sentido del tiempo y del espacio y su propia memoria, además de otras funciones. Estos tres cerebros son, en orden de evolución: el cerebro reptiliano, el límbico y el neocórtex. Los tres cerebros están interconectados a nivel neuronal y bioquímico, y cada uno controla distintas funciones de nuestro cuerpo, afectando directamente a nuestra salud, bienestar, rendimiento personal, profesional o académico.


El reptiliano regula las funciones fisiológicas involuntarias de nuestro cuerpo y es el responsable de la parte más primitiva de reflejo-respuesta. No piensa ni siente emociones, solo actúa cuando nuestro cuerpo se lo pide: controla las hormonas, la temperatura, el hambre, la sed, la motivación reproductiva, la reparación, etc.


Por encima del reptiliano, tenemos el sistema límbico, almacén de nuestras emociones y recuerdos. En él se encuentra la amígdala, considerada la base de la memoria afectiva. Entre las funciones y motivaciones del límbico están el miedo, la rabia, el amor maternal, las relaciones sociales, los celos, etc.


Por último, tenemos el neocórtex o cerebro racional, que es el que permite tener conciencia y controla las emociones, a la vez que desarrolla, las capacidades cognitivas: memorización, concentración, autorreflexión, resolución de problemas, habilidad de escoger el comportamiento adecuado, etc. Es la parte consciente de la persona, tanto a nivel fisiológico como emocional. Para hacerlo más fácil y comprensible, agruparemos el primer y segundo cerebro y lo llamaremos cerebro emocional inconsciente; y al tercero, lo llamaremos cerebro racional consciente.

 

Cuando hablamos de evolución hacia un estado de conciencia, los cambios a nivel de estructura de pensamiento se darán en los cerebros límbico y neocortex, ya que el límbico es el que experimenta las emociones y el neocortex el que razona sobre ellas. Nos explica y nos dice el porqué de ellas.
Es en este punto donde introduciremos el concepto de inteligencia emocional, estrechamente unido a los procesos que se desarrollan en estos dos cerebros.

El concepto de inteligencia emocional introduce aspectos no cognitivos en el estudio de la inteligencia. El autor Howard Gardner , en su libro “Inteligencia múltiples: la teoría en la práctica”, nos habla de dos factores que hasta ahora no se habían tenido en cuenta: la inteligencia interpersonal (la capacidad para comprender intenciones, motivaciones y deseos de otras personas) y la “inteligencia intrapersonal” (la capacidad para comprenderse uno mismo, apreciar los sentimientos, temores y motivaciones propios).

Para comprender el gran poder de las emociones sobre la mente pensante (y la causa del frecuente conflicto existente entre los sentimientos y la razón) debemos considerar la forma en que ha evolucionado el cerebro.
La región más primitiva del cerebro es el tronco encefálico, que regula las funciones vitales básicas, como la respiración o el metabolismo, y lo compartimos con todas aquellas especies que disponen de sistema nervioso, aunque sea muy rudimentario. De este cerebro primitivo emergieron los centros emocionales que, millones de años más tarde, dieron lugar al cerebro pensante: el neocórtex. El hecho de que el cerebro emocional sea muy anterior al racional y que este sea una derivación de aquél, revela con claridad las auténticas relaciones existentes entre el pensamiento y el sentimiento.


El neocórtex permite un aumento de la sutileza y la complejidad de la vida emocional, aunque no gobierna la totalidad de la vida emocional porque, en estos asuntos, delega su cometido en el sistema límbico. Esto es lo que confiere a los centros de la emoción un poder extraordinario para influir en el funcionamiento global del cerebro, incluyendo a los centros del pensamiento.
Las características de la llamada inteligencia emocional son: la capacidad de motivarnos a nosotros mismos, de perseverar en el empeño a pesar de las posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de diferir las gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la angustia interfiera con nuestras facultades racionales, la capacidad de empatizar y confiar en los demás. El grado de dominio que alcance una persona sobre estas habilidades resulta decisivo para determinar el motivo por el cual ciertos individuos prosperan en la vida mientras que otros que, con un nivel intelectual similar, acaban en un callejón sin salida.

Es clave tener siempre una predisposición positiva, sin perder de vista que lo negativo existe y que, siendo precavido para no caer en el, llegaremos a lo positivo. No hace falta pasar por ello, pero si tenerlo presente.

Actualmente vivimos en un mundo donde cada día perdemos sensibilidad ante nuestro entorno y las personas que nos rodean debido, muchas veces, a que nos es difícil hacer contacto con nuestros sentimientos. De ahí la importancia de tener una educación emocional que nos permita hacernos conscientes de aquello que sentimos, es decir, poder convertirnos en nuestros propios observadores para ir analizando, descubriendo y, por lo tanto, controlando aquello que nos mueve a actuar, y tener cada vez mayor control de nuestras respuestas.

 

La inteligencia emocional nos permite:
• Tomar conciencia de nuestras emociones.
• Comprender los sentimientos de los demás.
• Tolerar las presiones y frustraciones que soportamos en el trabajo.
• Acentuar nuestra capacidad de trabajar en equipo.
• Adoptar una actitud empática y social que nos brindará mayores posibilidades de desarrollo personal.
• Participar, deliberar y convivir con todos y todas desde un ambiente armónico.

 

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